Carlos Soler lucha un balón con Hateboer en un Mestalla vacío.

El Valencia se despidió ayer de la Champions League de la manera más triste: sin oponer demasiada resistencia y sin afición en las gradas de Mestalla. El 4-1 de la ida era un resultado difícil de remontar y dos errores groseros de Diakhaby en la primera parte acabaron con cualquier esperanza che y le dieron al Atalanta de un estelar Josip Ilicic, autor de cuatro goles, la clasificación para los cuartos de final.

No habían pasado ni dos minutos y Diakhaby ya había cometido un penalti innecesario sobre Ilicic. El delantero le dribló y el defensa decidió derribarle. Fue el esloveno el que convirtió la pena máxima.

Necesitaba el Valencia cuatro goles para forzar la prórroga y se volcó en busca de lo que sonaba casi a un imposible. El primero llegó en una pérdida en el centro del campo de los italianos que Rodrigo Moreno convirtió en un gran pase y Kevin Gameiro aprovechó ante el silencio de la vacía grada de Mestalla.