Peter Lim junto a su esposa en una de sus primeras visitas a Mestalla.

El 25 de mayo de 2019 el valencianismo celebraba que su centenario club por fin había encontrado el rumbo que llevaba a títulos. La Copa culminaba un proceso de transformación con demasiados vaivenes y parecía demostrar que el propietario, Peter Lim, había aprendido cómo funciona el fútbol español. 401 días después, el Valencia vuelve a volar por los aires.

La destitución de Albert Celades y la dimisión de César Sánchez vuelven a colocar al club en 2014, cuando Meriton Holding compró la mayoría accionarial. Desde entonces, ni salud económica ni proyecto deportivo ganador. Por el banquillo han pasado seis técnicos (Nuno, Neville, Ayestaran, Prandelli, Marcelino y Celades, además de Voro) y cuatro directores deportivos (Rufete, García Pitarch, Alexanco, Pablo Longoria y César Sánchez), pero las decisiones se han tomado por SMS desde Singapur.

Este despido vuelve a reflejar el fracaso de la apuesta por novatos, «funcionarios» como les describió el presidente Murthy, casi tan previsible como el de Gary Neville o el de Ayestaran, que se sucedieron en el banquillo en el curso 2015/16. Como les ocurrió a ellos, ante la dificultad Celades se ha visto solo y relevado por Voro, el eterno recurso en tiempos convulsos.

Se trata de otro intento de catarsis, el enésimo cambio de modelo desde la compra de Lim, que solo una vez ha confiado en un director general experto: Mateu Alemany, por recomendación de Javier Tebas. Desde el 29 de junio, en medio de una competición atípica en la que se juega una plaza en competición europea, tras un ERTE, con la plantilla golpeada por la pandemia y jugadores esenciales para el proyecto sin renovar, el Valencia se queda en manos de un técnico interino, sin dirección deportiva y con otro ejecutivo, Joey Lim, llegado de Singapur para supervisar.