Berni, durante un entrenamiento con el Inter.

Tommaso Berni no ha jugado un solo minuto en un partido oficial con el Inter de Milán, el club que le fichó en 2014 para convertirse en el suplente de Samir Handanovic. Sin embargo, el veterano portero, de 37 años, jamás pasa desapercibido en el banquillo de Giuseppe Meazza, donde se ha ganado merecida fama por sus continuas protestas a los árbitros.

El domingo, en el estadio Ennio Tardini de Parma, el Inter sufrió hasta el último minuto para conseguir un triunfo con el que mantenerse en la lucha por el segundo puesto de la Serie A (1-2). Los nervios de Antonio Conte, que vio el partido desde la grada por sanción, se acrecentaron desde el madrugador 1-0 de Gervinho y la inquietud en su banquillo explotó en la lengua siempre presta de Berni, expulsado en el minuto 68 por sus airadas protestas al cuarto árbitro.

Fabio Maresca mostró la tarjeta roja al guardameta, que reprochaba al juez una falta previa de Dejan Kulusevski sobre Nicolo Barella. Se trataba de la segunda expulsión de la temporada para Berni, dado que el pasado 26 de enero también fue castigado por su irónico apretón de manos al árbitro. Sólo dos minutos antes, Gianluca Manganiello había expulsado a Lautaro Martínez.