Quique Setién, entrenador del Barcelona.

Cuando Ernesto Valverde fue despedido del Barcelona el pasado mes de enero, los futbolistas más veteranos y con mayor peso emocional en el vestuario pensaron que su sustituto sería Xavi Hernández. Esa debía ser la condición para asumir la marcha de un Valverde al que se dejó caer.

Sin embargo, y tras aquel grotesco viaje a Qatar de Òscar Grau, CEO de la entidad, y Eric Abidal, secretario técnico, el presidente Bartomeu evidenció que Xavi no aceptaría entonces aquel caramelo envenenado. Tampoco Ronald Koeman. Tampoco Mauricio Pochettino. Así que, entre la opción de Massimiliano Allegri y la de Quique Setién, en la zona noble pensaron que con el cartel cruyffista del cántabro habría suficiente para ganar la batalla del relato y salvar la crisis. Medio año después, ese Barcelona de gobierno pasivo y vestuario soberano amenaza con acabar devorando también a Setién.

En la directiva del Barcelona asisten con una preocupacion extrema a los últimos acontecimientos producidos en una caseta en la que Bartomeu no es bienvenido desde que volvió a pedir a los futbolistas que se rebajaran el salario. El presidente del Barcelona, ante el avance de las llamas y según avanzó RAC1, acudió en la tarde de este lunes al domicilio de Setién junto a Òscar Grau, Javier Bordas, vicepresidente deportivo, y Eric Abidal, secretario técnico. Bartomeu, que quiso saber de primera mano el alcance real de los problemas en el vestuario, transmitió al entrenador su apoyo para esta recta final de campeonato. En la directiva, de hecho, ya habían hablado en los últimos días de la dificultad que supondría a nivel económico tener que asumir un nuevo cambio de entrenador.

Los líderes del vestuario, en cambio, desaprueban tanto la gestión de Setién como su insistencia en delegar parte del trabajo en su principal asistente, Eder Sarabia, habitual foco de conflicto. Los futbolistas ya ni siquiera están dispuestos a ocultar la nula conexión con sus capataces, tal y como pudo apreciarse en una de las pausas de hidratación del partido jugado en Balaídos, en la que Messi optó por obviar a Sarabia ante el silencio de Setién. Una vez consumado el empate, Luis Suárez, sustituido a diez minutos del final, decidió poner el foco sobre el entrenador.