Pedro Gracia, durante un entrenamiento del Huesca.

Dos años atrás, Huesca vivió una revolución con epicentro en el estadio El Alcoraz. El equipo de fútbol de la ciudad aterrizaba entre los grandes por primera vez en su historia y aquello cambió la vida de mucha gente. Por ejemplo, la de Pedro Gracia (Huesca, 1971). «A partir del tsunami que tuvimos con el ascenso, era necesaria la figura del director de seguridad en el club. Así que completé la formación necesaria y pasé a formar parte de la entidad con ese cargo. Además, también ejerzo la función de team manager. Me encargo de que la llegada de los jugadores sea lo más sencilla posible y sólo tengan que preocuparse de jugar al fútbol. Casi todo lo deportivo lo depositan en mí».

Desde hace unos meses, concretamente desde la irrupción del coronavirus en nuestras vidas, buena parte de aquellas labores, con el estadio cerrado, los jugadores en casa y el balón guardado en una caja, perdieron su sentido. Así que el club aragonés le encomendó una tercera (pre)ocupación. «A las 17.00 horas tengo una reunión con LaLiga por videoconferencia. Hay dos semanales y duran cerca de dos horas», cuenta a este periódico. Ahora es el contacto principal con LaLiga y, también, el responsable de que se apliquen todos los protocolos y directrices relativas a la pandemia.

«Lo que más nos está costando es… ¡que somos españoles! Cuando llevas dos meses sin ver a alguien, lo que más te apetece es darle un abrazo, contar un chiste, reírte y estar ahí pegaditos. Y hacer un grupo para hablar. Eso es lo que más cuesta. Llevamos semanas con el protocolo y siempre tienes que llamar la atención. O me la llaman a mí. Aunque cada vez menos porque vas cogiendo el hábito». Porque a Pedro, como al resto de piezas del club, también le vigilan los inspectores de la competición: «Tienen ese nombre, pero realmente han sido compañeros de trabajo. Nos han ayudado a poder cumplir las normas». Los jugadores las han respetado con celo. «Han venido muy concienciados», reconoce.